Conozca la historia de la Virgen de la Candelaria en Puno


Aunque la Virgen de la Candelaria es una más de las advocaciones de la Virgen María, su historia (o quizás debiéramos decir la “devoción” que genera) está hoy tan ligada a nuestra región, que es imposible referirnos a Puno sin referirnos a ella. Y es que la “mamacha” Candelaria es tan importante para nosotros, que no dudamos un segundo en loarla y admirarla, incluso más que al propio lago Titicaca (que, valga la aclaración, representa nuestra identidad, cultura y tradición).

Hacia 1400 o 1401, en la desembocadura del barranco de Chimisay, en el municipio canario de Güímar (España), hizo por primera vez su aparición la Virgen de la Candelaria, para sorpresa, alarma y recogimiento de los pobladores de la época; no obstante, no sería sino hasta 1594 que Fray Alonso de Espinosa escribiría su historia.

Según relata, fueron dos pastores los que la vieron por primera vez. El primero de ellos, debido a las prohibiciones de entonces, le pidió que se fuera, pero quedó petrificado del brazo (con el que, previamente, le hizo señas para que se vaya), en tanto que el segundo resultó herido con su propio cuchillo, el mismo que usó para “espantar” a la santa imagen.

Es así que ambos, asustados, huyeron a Chinguaro, a la cueva-palacio del mencey (o jefe territorial) Acaymo, para referirle lo que había pasado. Y, una vez que todos fueron al lugar donde ocurrieron los hechos, aconteció el milagro: Al ver que nadie quería acercarse a la imagen, el mencey ordenó a los primeros pastores trasladarla al palacio; ellos, al solo contacto, quedaron sanados.

EN PUNO

Es en el año 1696 cuando se registra, por primera vez, una noticia de la virgen de la Candelaria en nuestra región. Fue en Huancané, según la información recopilada por René Calsín Anco, “suministrada por Juan Quiepo Llano y Valdéz, obispo de la Paz, quien luego de su peregrinaje por el corregimiento de Paucarcolla de su circunscripción, al rememorar su visita al pueblo de Huancané, escribió: ‘tiene tres viceparrochias, una en la estancia de Toquepani; otra en la estancia de Ynchupalla…; otra en la estancia de Arcani, distante 9 leguas del pueblo, con la advocación de la Candelaria’”.

Desde ese entonces, según se sabe, la santa imagen fue entrando en los hogares de los pobladores de la zona, ganando fe y devoción. En consecuencia, a comienzos del siglo XVIII, en la villa y el pueblo que medio siglo después sería Puno, la virgen ya tendría un nombre ganado.

Así, en una escritura del 1 de agosto de 1707, recogida también por René Calsín, por la cual Felipe Valdez concedía una vivienda en alquiler al Marqués de Villa Rica (hijo del acaudalado minero José Salcedo, que dirigió la rebelión de Laikakota), resultó natural que se nombrara nuevamente a la “mamacha” Candelaria.

En otro documento, del 29 de febrero de 1752, en una memoria testamental de Catalina Gayoso, asimismo, se registraba: “Declaro por mis vienes una Caja de la Ymagen de Nra Señora de Copacabana y otra de bulto de la Candelaria sin bestuario […]”.

Esta devoción, conforme fueron pasando los años, creció de tal forma en la ya llamada villa de Puno, que los lugareños lograron que la imagen se refugie en el templo San Juan Bautista, en un altar menor, a costa de las tres advocaciones impuestas oficialmente: el propio San Juan Bautista, San Carlos y Nuestra Señora de la Concepción (los dos últimos se entronizaban en el altar de la actual Catedral de Puno).

ENTRONIZACIÓN

Es en el año 1781 cuando finalmente se da su entronización definitiva. En esa época, la villa de Puno estaba siendo sitiada por el ejército revolucionario, continuador de la lucha de Túpac Amaru, ante la resistencia del ejército virreinal, que custodiaba la ciudad, aunque en evidente inferioridad numérica.

Fue cuando se dio el milagro que hoy reconoce a la virgen de la Candelaria como patrona de Puno. Según se dice, tras varias batallas ocurridas en marzo, abril y mayo de ese año, y frente a la inminente toma de Puno, los pobladores decidieron sacar en procesión a la santa imagen para pedir su protección.

La tradición cuenta que los sitiadores, esa noche de la procesión, abandonaron la ciudad y se replegaron; algo que los pobladores tomaron como un milagro de la Virgen de la Candelaria que, consiguientemente, la hizo la santa más importante de esta parte del país, al punto de consagrarse en el altar mayor del Templo San Juan Bautista.

Fue desde entonces que las manifestaciones festivas en su honor se comenzaron a volver más intensas y multitudinarias, convocando -con el paso de los años- a turistas de todas partes del país y el extranjero, quienes alegremente disfrutaban y veneraban a la santa imagen.
Tal fue su crecimiento, que grandes personalidades indigenistas del país arribaron a Puno, con tal de conocer un poco más de lo que aquí sucedía. Es el caso, verbigracia, del gran José María Arguedas, quien en 1967 llegó a Puno a apreciar el concurso y, a la vez, a hacer de jurado. Un mes después, el 12 de marzo, el diario El Comercio publicaba su artículo “Puno, otra capital del Perú”.

Un texto que, acaso por su honda significación y gran calidad, caló hondo en los pobladores del altiplano, quienes bregaron ante las instituciones del Estado para que esta festividad sea reconocida a nivel nacional, cosa que lograron -de alguna manera- el 5 de noviembre de 1985, cuando se le confiere a la ciudad de Puno la categoría de capital del folklore peruano, por Ley N° 24325.

Tan solo tres años después, exactamente el 7 de febrero de 1988, luego de celebrar el día de la Fiesta de la Presentación de Jesús en el Templo (el 2 de febrero), Monseñor Jesús Mateo Calderón Barrueto, entonces obispo de la Diócesis de Puno, elevaría este templo a la categoría de “Santuario de la Santísima Virgen de la Candelaria” de Puno.

En este escenario, el amor y la devoción hacia la “mamacha” ya era todo un acontecimiento en el sur del Perú, por lo que fue muy natural que el Instituto Nacional de Cultura, con Resolución Directoral Nacional N° 655, declarara Patrimonio Cultural de la Nación a su festividad, el 02 de setiembre del 2003.

Una declaratoria que adquiriría renombre mundial con la inclusión de esta fiesta, la más andina y peculiar de todo el continente sudamericano, en la lista de patrimonios culturales inmateriales de la Humanidad, por parte de la UNESCO, el 27 de noviembre de 2014.

 

 

 

 

 

 

 

fuente : los andes

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